Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

El día 11 de febrero reafirmamos que la ciencia no tiene género

Niña con bata blanca vertiendo líquido azul desde un matraz a una probeta en un laboratorio, junto a una joven mentora; al fondo hay un microscopio y una gradilla con tubos de ensayo con líquidos anaranjados.
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Las mujeres representan prácticamente la mitad de la población mundial (49,7%), pero sólo un tercio de la comunidad científica mundial. Y según el informe 2024 de la UNESCO Changing the equation: Securing STEM futures for women, las mujeres sólo ocupan el 22% de los puestos de trabajo en STEM en los países del G20.

En México, aunque las mujeres representan aproximadamente el 50 % de la población estudiantil, su presencia en áreas como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas sigue siendo menor comparada con la de los hombres. Por ejemplo, en disciplinas como ingeniería mecánica y eléctrica, hay muy pocas mujeres inscritas, y, también, en las áreas de la física y la matemática.

Esta realidad indica que aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar una ciencia verdaderamente igualitaria, pero también nos confirma que hay que continuar abriendo espacios para que las niñas y jóvenes que lo deseen puedan desarrollar su curiosidad, talento y vocación en STEM.

El lema de Naciones Unidas en esta ocasión es: “Aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las STEM y el sistema financiero: construir un futuro inclusivo para las mujeres y las niñas”.

La idea es que, si se combinan estos cuatro ámbitos, se pueden eliminar las barreras existentes, reducir la brecha de género en las competencias digitales, impulsar las empresas emergentes dirigidas por mujeres, promover una gobernanza de la IA que tenga en cuenta las cuestiones de género y movilizar fondos que incluyan la inclusión social como indicador de rendimiento.

Pero no debemos olvidar el papel clave del ejemplo. La historia científica de México está llena de mujeres excepcionales que se abrieron camino a pesar de las barreras de género. Matilde Petra Montoya Lafragua, la primera médica mexicana en 1887, Helia Bravo Hollis, la primera bióloga titulada en el país, o Paris Pismish Acem, impulsora de la astronomía moderna en México y profesora en la UNAM durante más de cinco décadas, son algunas de las investigadoras que,  a lo largo de la historia, han sido fundamentales para construir el conocimiento científico en México y para abrir puertas a las niñas y jóvenes que se interesan por las disciplinas STEM. Otro ejemplo es el de Ana María Cetto Kramis, especialmente conocida por sus contribuciones en el campo de la mecánica cuántica y por su labor pacifista, pero también por su participación en la Organización para las Mujeres Científicas del Tercer Mundo (TWOWS).

Nuestro avance como sociedad depende de que cada niña y cada mujer tenga la oportunidad de contribuir al futuro con su talento. Porque la ciencia no tiene género. Y nuestras estudiantes deben saberlo.

La igualdad en la ciencia no es sólo un objetivo, es una necesidad para el progreso social. Sigamos abriendo caminos para que más mujeres formen parte de los avances que transformarán nuestro futuro.